
Es casi obligado hablar del desamor cuando hablamos de cosas de dos, y cuando hablamos del amor también. Porque el desamor ocurre, y sobre todo en el tipo de amor que se da en la Pareja. Cuando hay amor, puede ocurrir el desamor.
El desamor por un amigo, ocurre de una manera totalmente diferente.
Vamos a hablar del desamor en la Pareja, algo de lo quizás todos sabemos un poquito. Vamos referirnos no sólo a lo que puedan ser nuestras experiencias personales, sino también a los síntomas más particulares que hemos recopilado a lo largo de la que es también nuestra experiencia profesional en consulta. Cuando vemos que el desamor es la causa de los problemas que existen en las Cosas de Dos.
Cuando acaban las emociones positivas ante el encuentro con el otro, cuando la rutina y la vida en común apagan la comunicación y el interés por el otro, cuando uno tiene una sensación incluso de extrañeza ante la presencia del otro, es cuando comienza el desamor. ¿Qué hago yo aquí con esta persona? Es una pregunta que dispara la primera señal de que ya no se la ama. Y además uno no encuentra respuesta a esta pregunta.
Lo definimos como el comienzo en la falta de interés por el otro, y suele culminar en un absoluto desinterés que produce esta sensación de extrañeza de la que antes hablábamos.
El desamor está también íntimamente unido a la falta de deseo sexual por el otro. Este es también uno de los síntomas principales del desamor
La falta de interés puede producirse por múltiples razones, que pueden ser simplemente consecuencia de estrés o preocupaciones sobre uno mismo, pero cuando no nos dice NADA la presencia del otro, sino que más bien nos "sobra", cuando no tenemos ganas de comunicar nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras preocupaciones o simplemente qué tal nos ha ido el día, y ésto ocurre cada vez con mayor frecuencia, entonces sí que nos podemos preguntar si seguimos amando a nuestra Pareja.
Si estamos en un momento emocionalmente estable, podemos tener la reacción de comenzar a hablar del tema, que sería lo más sano que podríamos hacer, porque a lo mejor no es el desamor, sino la rutina y el aburrimiento por falta de estímulos que unen lo que nos provoca esta desgana a la hora de compartir.
En la propia comunicación sobre nuestro estado de desinterés hacia el otro, puede suceder que nos demos cuenta que la cuestión tiene arreglo o no. Podría tener arreglo si sentimos la necesidad de arreglarlo en ese preciso momento en el que se tiene el diálogo sobre el tema, pero si notamos que sobreviene un sentimiento de lástima por el otro o que nos nace un sentimiento de no hacer daño, entonces, es que nos hemos encontrado con el desamor. Seguimos queriendo a esa persona, pero no amándola.
En un primer momento se pueden tener sentimientos de una falsa compasión por el otro y tratamos de compensar este sentimiento, que es real, con actitudes ficticias producto de un sentimiento de culpa, es la fase "masoquista" del desamor, en que el duelo por la pérdida de la pasión y del deseo se compensan echándose las culpas a uno mismo. Porque el desamor se vive como un sentimiento de duelo por la pérdida del amor por el otro. Los intentos de compensación producto de los sentimientos de culpa asociados no lleva más que a un rechazo finalmente por el otro, cuando se da uno cuenta de que es inútil tratar de compensar, que el sentimiento es real y que estamos ante una farsa.
Es difícil asumir que el desamor ha llegado a nuestras vidas, ya que el hombre es animal de costumbres y por tanto hay quien se resigna ante este sentimiento no creando otras expectativas que continuar en una relación cortés, pero claro está, no es probable que el otro acceda a ello. Sería un intento de prolongar algo que podría convertirse en una agonía. Y la agonía en el amor es muy desagradable y puede llevarnos al aborrecimiento por el otro, lo cual ya lindaría con la peligrosidad y los límites que jamás se deben rebasar, de los cuales hablaremos en otro capítulo. Cuando el desamor llega a nuestra vida como pareja, es mejor separarse y convertir la relación en un amor amistoso, quizás sea la mejor solución.
El desamor no suele ocurrirle a los dos miembros a la vez. Ojalá fuera así, pero es algo inusual, desgraciadamente, porque se evitarían de ese modo muchos sufrimientos, es por eso que ante el desamor los dos sufren, es un momento de duelo de pérdida para los dos. Si se sabe asumir esta fase sin dramatismos neuróticos, pueden evitarse muchos sufrimientos extras producto de la resistencia a que puedan producirse cambios, entre los que por supuesto está la separación.
Es preferible ante la mínima señal de falta de interés y de alegría por ver al otro, o ante cualquier situación en la que uno "no se encuentra en su sitio" cuando está con el otro hablarlo, decirlo, comunicarlo. En un primer momento quizás una serie de puntualizaciones pueden hacer reaccionar al otro (al que no ha sentido todavía esa horrible sensación de extrañeza) para que comience a seducir a su Pareja, ya que el desamor también se manifiesta ante una falta de "ser seducido por el otro".
Quizás tardemos un tiempo antes de ser conscientes del desamor, por eso invitamos a las Parejas a hacerse un "chequeo de amor" con frecuencia, con todas las características que un amor de Pareja conlleva, y sobre todo las relacionadas con el deseo sexual por el otro, el deseo por el contenido de sus mensajes cuando se comunican, el interés por su bienestar, la tendencia al cuidado del otro y el respeto por sus gustos y costumbres.
Cuando alguno de estas premisas fallan, es entonces cuando hay que sentarse a dialogar y a puntualizar si todavía se puede una forma de "sanar" la relación y volver a abrir las puertas al amor.
Cuando fallan las ganas de compartir, de experimentar, de hacer cosas juntos, de construir, de acercarse en la unión, de "hacer piña" juntos, de hacer el amor, de hablar sobre las cosas de dos, de hacer proyectos juntos, de divertirse y reír, de emprender y ayudar al otro, de cuidarle y protegerle, es cuando llega el desamor.
Son momentos tristes de mucho dolor, siempre se sufre y siempre se han de elaborar sentimientos de pérdida de duelo interior, que puede perfectamente elaborarse si no atravesamos los límites que dicta nuestro corazón.
Pensando con el corazón a veces es cuando mejor acertamos a la hora de evaluar nuestros sentimientos en vez de calibrando lo que es mejor o peor. Peor será siempre llevarle la contraria a nuestros sentimientos tratando de compensarlos con razonamientos. Esto no funciona en el amor, ni tampoco en el desamor, cuando lo que tratamos de hacer es lo mejor para los dos.
Tomarse un tiempo de separación para reflexionar, y para ver si se echa de menos al otro en las cuestiones relacionadas con el amor: deseo de compartir, deseo de su compañía, deseo de sus caricias y de su cuerpo, deseo de cuidarle y protegerle, y deseo de saber qué piensa y siente y qué hace o deja de hacer, es lo que aconsejamos ante la sospecha de la llegada de tales sentimientos de extrañeza por la presencia del otro.
Antes de tomar resoluciones drásticas, es mejor reflexionar para dárnos tiempo antes de resolver mediante una separación. Pero ante el verdadero desamor es siempre aconsejable una separación con el fin de evitar el deterioro, la agonía y los sufrimientos que podemos evitar.
El amor es como un banco con tres patas. Una de estas es el deseo sexual. Otra es la comunicación y el contacto íntimo. Y la otra: la confianza (y la seguridad que ésta sustenta). Cuando alguna de sus patas se rompe, el banco se cae: se vive el desamor en la pareja. Si el estres cotidiano o la pesada monotonía afecta, a la pasión sexual, o a la comunicación íntima, o, si s pierde la confianza y seguridad por la pareja, estaremos frente a está pérdida de interés y de disfrute con la pareja.
Si bien tenemos la firme convicción de que el desamor es tan pasajero como lo es el propio sentimiento pleno de amor, cuando su bases están muy deterioradas, tenemos evitar que la caida del banco nos rompa un pie. El desamor puede ser un motivo de separción para evitar daños mayores.
En otro apartado hablaremos de cómo llevar mejor una separación cuando el desamor protagoniza nuestros sentimientos hacia el otro. Mirar hacia otro lado sabiéndose dueño de la vida de uno y de los sentimientos, con control sobre ellos, sería lo óptimo. La cuestión es no perder la autovaloración personal nunca, porque el desamor es algo normal y hay que simplemente aceptarlo como algo que ocurrió, y aunque parece fácil decirlo, todos sabemos lo difícil que es elaborarlo con sabiduría. La experiencia, el conocimiento y el paso del tiempo, curan las heridas incluso las más profundas que puedan surgir. Y más profundas serán cuanto más tiempo nos tomemos para actuar rápidamente ante la más mínima señal. Las claves son la rapidez para reaccionar y la sensación de estar controlando y aprendiendo sobre lo que nos dicta nuestro corazón.
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El capítulo 7 de la Biografía de Ana Frank de Carol Ann Lee (Plaza & Janés) cuenta el momento de la llegada de casi 500 deportados judíos al campo de concentración de Auschwitz, procedentes del de Westerbork, en el que habían comenzado su calvario, y los detalles más trágicos de la convivencia en el lugar. Hablan los Frank (Otto y Edith, y sus hijas Ana y Margot), los Van Pels, los Winter, los Brilleslijper, Eva Schloss... Las estremecedoras experiencias que se recogen en este libro insisten en el intenso dolor que vivieron Anna Frank (1929-1945) y sus allegados en el Holocausto judío.
No tengo suficiente fe enDios... Mi miedo me hace querer gritar...
(Diario de Ana Frank, 29 de diciembre de 1943)
Las puertas del tren se abrieron: "Lo primero que vimos de Auschwitz fueron las deslumbrantes luces de los reflectores fijados en el tren y fuera, en el andén, hombres corriendo de un lado a otro como si estuvieran locos por demostrar lo mucho que trabajaban", recordaba Rosa de Winter. Los hombres eran kapos (prisioneros jefes), que sacaron a los que estaban más cerca de ellos y los arrojaron al suelo desigual. Detrás de los kapos, oficiales de las SS saludaban a los guardias que habían acompañado al tren.
Los kapos vociferaron a los recién llegados que se apresuraran. Hubo gritos de angustia cuando los parientes desaparecían de la vista. Los kapos empujaban, sacando equipajes del tren para colocarlos en la parte trasera del andén. Los cadáveres de los que habían muerto en la última parte del viaje fueron arrojados al lado de las maletas. Por encima del susurrante vapor del tren, un altavoz conminó: "¡Mujeres a la izquierda! ¡Hombres a la derecha!". Otto Frank, Hermann van Pels, Fritz Pfeffer y los demás hombres del tren fueron apartados mientras guardias de las SS avanzaban, colocando a las mujeres en columnas de cinco, y luego en dos filas.
Eva Schloss recuerda el procedimiento: "Aquellos primeros minutos, cuando las puertas del tren se abrieron de par en par, fueron maravillosos por el aire fresco y la repentina libertad de movimientos. Pero entonces vimos a Mengele". El doctor Josef Mengele era conocido en el campo como "el Ángel de la Muerte". Tenía un interés especial por los gemelos y los físicamente deformes. Entre sus experimentos con gemelos figuraba el matar a uno para ver los efectos que eso tenía sobre el otro. Desde su llegada a Auschwitz en mayo de 1943 le habían traído más de 1.500 gemelos para que experimentase con ellos. "Tenía muy buen aspecto -admite Eva-, muy limpio, con esas botas altas lustrosas. También era alto. Normalmente hubieras dicho que era un hombre guapo. Pero él decidía quién viviría y quién moriría... Nos despedimos de los hombres; hubo bastante tiempo para ello. Dije adiós a mi padre, no sabía si volvería a verle. Cuando los hombres se apartaron a su lado, la orden siguiente fue: `Colóquense en filas de cinco'. Siempre filas de cinco, unas detrás de las otras, filas de cinco, filas de cinco... Mi madre me dio un abrigo y un sombrero, lo que me salvó de la cámara de gas, porque a Mengele, que nunca se molestaba por mirar a nadie de cerca, le fue imposible saber mi edad".
La selección que tuvo lugar en el andén decidió quién sería admitido en el campo. Se formaron dos columnas. El pelo plateado de Mengele brillaba a la luz, sus ojos velados contemplaban a los recién llegados desapasionadamente y un movimiento casi imperceptible de su mano enguantada de blanco decidía si la gente se iba a la derecha o a la izquierda. El altavoz volvió a rugir: "Hay una hora de marcha hasta el campo de las mujeres. Para los niños y los enfermos hemos preparado furgones al final del andén". Los camiones estaban pintados con cruces rojas y la gente corrió hacia ellos, colgándose desesperadamente cuando los motores se pusieron en marcha. En unos minutos habían desaparecido. Eva recuerda: "Los alemanes fueron muy hábiles al ordenar a los viejos, los enfermos o los demasiado jóvenes que trepasen a aquellos camiones. Fue una especie de selección natural. Los camiones iban directos a las cámaras de gas".
[...]
Las mujeres fueron conducidas a un estrecho edificio llamado eufemísticamente "la sauna". Cada recién llegada tenía que desnudarse y permanecer bajo la ducha, mientras sus ropas eran confiscadas para ser "descontaminadas". Luego era conducida a las "sección de peluquería", donde se le afeitaba el pelo de los sobacos y la zona púbica. Las cabezas también se afeitaban o se dejaba un pelo muy corto. La prisionera recibía nuevas ropas, zapatos y un vestido gris de tela de saco, a menudo con una gran cruz en la espalda que la identificaba como recién llegada. Vestida con su saco, recorría una serie de escritorios ante los que debía dar sus detalles personales y en los que se le tatuaba el antebrazo. Eva comenta: "Al principio aquel proceso, por difícil que fuera, nos dio nuevas esperanzas porque pensamos: `¡No nos matarán después de molestarse tanto! ¡No tendría ningún sentido!'. Pero eran los kapos los que hacían eso, y eran mucho más crueles que los alemanes, que sólo patrullaban el campo. Fueron los kapos los que nos preguntaban, mientras tenía lugar ese proceso: `¿Te has despedido de tu madre, tu hermano y tu padre? Se han ido a la cámara de gas. No volverás a verlos. ¿Ves esa chimenea y el humo que sale de ella? Seguramente son ellos'".
A los recién llegados se les asignaban sus barracones. Ana Frank, Margot, Edith, Rosa y Judy fueron colocadas en el Bloque 29. Los edificios eran idénticos: "Un barracón normal consistía en una gran cabaña llamada Bloque, que medía 44,20 metros por 8,50 metros. Había un lavabo primitivo y un retrete, así como una habitación privada para el Blockälteste (líder del bloque). Las literas (koje) estaban colocadas de tres en tres, sin espacio suficiente entre ellas para que una persona pudiese sentarse. Estaban hechas de madera basta... cubiertas con colchones de paja o paja suelta. En cada camastro había normalmente dos mantas. Las mantas y los colchones de paja estaban asquerosos... Además, las heces y la orina solían gotear entre las literas por los prisioneros que sufrían de hambre, diarrea y poliuria... Los que no conseguían lugar en una litera se veían obligados a dormir debajo; y la tierra del suelo era un charco de excrementos" (extraído del libro Viaje de regreso desde el infierno: conversaciones con supervivientes de campos de concentración de Anton Gill).
De los 1.019 pasajeros del transporte de Westerbork, 212 mujeres y 258 hombres fueron admitidos en Auschwitz. Otto Frank, Fritz Pfeffer y Peter van Pels estaban entre este último grupo, pero antes de entrar en el campo, vieron lo que les ocurría a los hombres, las mujeres y los niños que habían sido enviados a la otra columna. Otto contó: "Nunca olvidaré el momento en Auschwitz en que Peter van Pels, de 17 años, y yo, vimos al grupo de hombres seleccionados. Entre ellos estaba el padre de Peter. Los hombres se marcharon. Dos horas más tarde, llegó un camión cargado con sus ropas".
Hermann van Pels estaba entre las más de 500 personas de Westerbork que habían sido retenidas en el andén iluminado. Todos los niños de menos de 15 años estaban allí. A medida que maletas, mochilas, juguetes y otros objetos del tren iban siendo retirados, el grupo apartado fue sacado del andén y llevado escaleras abajo a un edificio rectangular sin ventanas. Los kapos les dijeron que se desvistieran y ofrecieron ayuda para doblar ropas, mantener los zapatos en pares, encontrar toallas y disipar el embarazo, ya que hombres, mujeres y niños se sentaban desnudos en los fríos bancos. Los prisioneros fueron conducidos a una gran habitación vacía. Había duchas saliendo del bajo techo. Metieron allí a 549 personas. Las puertas se cerraron tras ellos.
En el tejado del edificio un hombre de las SS trepó por una escalera de mano, arrastrando tras de sí una bolsa cerrada con una cuerda. Agachándose, sacó una máscara y unos guantes y luego un martillo. Se puso la ropa protectora y, usando el martillo, abrió la tapa del contenedor que llevaba en la bolsa, exponiendo su contenido -unos cristales verdes- al aire. Metió la mano por uno de los dos conductos que había en el tejado y sacó una lata atada a un alambre. Los cristales verdes cayeron a la lata y él cerró la tapa antes de deslizarla por las tuberías de acero y la tela metálica. Arrojó la máscara y los guantes a la bolsa y bajó por la escalera de mano.
Abajo, los gritos traspasaban la oscuridad a medida que las luces de la cámara disminuían. El primer chorro de gas quemaba los pulmones. Los más débiles cayeron rápidamente al suelo, pero los más fuertes se precipitaron hacia la puerta, alargando los brazos. A medida que el gas se hacía más potente, los vapores se veían mejor. Quince minutos después, no hubo más gritos.
Las puertas de la cámara fueron abiertas por el Sonderkommando. La pirámide de cuerpos estaba cubierta de excrementos, sangre menstrual, sudor, vómito y orina. El Sonderkommando iba apartándolos. Ganchos de hierro les abrían la boca, pinzas buscaban y extraían dientes de oro, los anillos de boda eran sacados de los dedos y el pelo largo se apartaba. En el crematorio 30 kilos de carbón se arrojaban a cada horno; los cadáveres nuevos ardían fácilmente. Los grandes crematorios tenían capacidad para incinerar 6.500 cuerpos a la hora, que luego eran cargados en estantes. Pequeñas ventanas en las puertas permitían al observador calibrar la rapidez del procedimiento. Los cadáveres se hinchaban y explotaban dentro de las jaulas de hierro, convirtiéndose en ceniza en un cuarto de hora.
El gaseamiento del 93 transporte de Westerbork fue el último que tuvo lugar en Auschwitz-Birkenau. El verano de 1944 había contemplado "una orgía de muerte... Los hornos de los crematorios se calentaron tanto, que los ladrillos refractarios estallaban y hubo que cavar pozos crematorios adicionales. Una vez empezaban las llamas, eran alimentadas con la grasa que salía de los cuerpos ardiendo. La grasa caliente era conducida por unos canalones de cemento que corrían por el fondo de los pozos, a los lados, hasta caer en cubas, de las que prisioneros de ese Kommando en particular la recogían con palas de largos mangos, para verterla sobre los cuerpos que se quemaban en los pozos. Los pozos habían sido diseñados por el Hauptscharführer de las SS Otto Moll, de 29 años de edad. Como en esa época se consideraba que no merecía la pena gasear a bebés y niños pequeños, Moll los arrojaba vivos a las tinas de grasa humana hirviente..." (extraído del libro de Anton Gill).
[...]
E n Auschwitz-Birkenau los silbatos sonaban todos los días a las tres y media de la madrugada para despertar a los internos. Había siempre carreras a las cabañas de las letrinas situadas al fondo del campamento, donde un largo banco con cientos de agujeros servía de retrete. El desayuno consistía en un líquido marrón arrojado a un cuenco. Los cuencos no podían ser sustituidos si se perdían, como no fuera "organizándose", palabra que en el campo significaba, trocar o robar. Ana había conseguido un par de calzoncillos largos de otra mujer, "organizándoselos". Rosa recordaba: "No teníamos más ropa que un saco gris, y debajo íbamos desnudas. Pero cuando el tiempo se volvió más frío, Ana vino un día a los barracones vistiendo unos calzoncillos largos de hombre. Tenía un aspecto cómico con aquellas largas piernas blancas, pero seguía siendo encantadora".
Durante los recuentos, las mujeres debían mantenerse en filas de cinco en formación, mientras los líderes de bloque las contaban. Los muertos eran incluidos en las cuentas para que los números cuadraran. Los recuentos de la mañana solían durar 45 minutos; los de la noche, de una a cinco horas. Se les obligaba a permanecer de pie a pleno sol, bajo la lluvia, el granizo o la nieve, tanto tiempo como el que hacía el recuento lo deseara y mientras se llevaban a cabo los castigos. Ronnie Goldstein-van Cleef, que había llegado en el transporte de Westerbork, estuvo muchas veces junto a Ana Frank durante los recuentos. Siempre compartían una taza de café: "Solíamos usar la misma tacita y nos la pasábamos de una a otra... Margot estaba cerca, junto [a Ana] o delante, dependiendo de cómo le tocaba, porque estábamos en filas de cinco. Ana estaba muy tranquila y callada, y algo ausente. El hecho de que hubiesen acabado allí le había afectado profundamente; eso era obvio". Al final del recuento los muertos eran arrojados a vagones de carne y evacuados.
Había media hora de camino hasta el trabajo desde el bloque de Ana. El trabajo en sí consistía en cavar una zona de hierba que arrojaban sobre un montón de césped. Era completamente inútil, pero los kapos corrían entre ellas constantemente, gritando: "¡Más deprisa! ¡Más deprisa!", y pegaban a las que desobedecían. A las 12.30 grandes calderos de sopa eran llevados al prado. Cada mujer sostenía su cuenco y recibía un cucharón de líquido verde. Durante media hora se sentaban en grupos de cinco a beber sus cuencos y luego volvían a hacer otras seis horas de trabajo. A las seis de la tarde volvían al campo.
La cena consistía en una rebanada de pan y un poco de margarina. Los ayudantes del líder de bloque distribuían el pan. Ana era una de las ayudantes. Rosa recordaba: "Ana era la más joven de su grupo, pero era la cabecilla. También distribuía el pan en los barracones y lo hacía tan bien y tan equitativamente, que nunca había las quejas habituales". A las nueve de la noche sonaban los silbatos y podían irse a los barracones. Durante las seis horas y media siguientes, trataban de dormir.
La mayoría de los internos formaban sus propios grupos de apoyo. Edith, Margot, Ana, Rosa y Judy se encontraban regularmente con tres mujeres que habían conocido en Westerbork: Bloeme Evers-Emden, Lenie de Jong-van Naarden y Ronnie Goldstein-van Cleef. Bloeme recuerda: "Estaban siempre juntas la madre y las hijas. Cualquier discordia que pueda suponerse por el diario había sido barrida por la necesidad. Estaban siempre juntas. Sin duda se daban mucho apoyo entre sí. Todo lo que una adolescente pueda pensar de su madre no tenía ya significado alguno". Edith sólo pensaba en sus hijas. Ronnie recuerda: "La señora Frank no se separaba de sus hijas y se aseguraba de que tuviesen algo para comer". Lenie lo confirma: "La señora Frank trataba con todas sus fuerzas de mantener vivas a sus hijas, sin separarse de ellas, protegiéndolas. Por supuesto hablábamos unas con otras, pero no se podía hacer absolutamente nada, salvo dar consejos como: `Si van a las letrinas, vaya con ellas'".
El 27 de octubre hubo otra selección en el bloque de Ana para formar un grupo de trabajo. Los más jóvenes y fuertes se marcharían de Auschwitz para trabajar en fábricas de municiones checoslovacas. Todo el mundo quería desesperadamente ser escogido, pues sabían que allí tendrían más posibilidades de sobrevivir. Judy de Winter y Bloeme Evers-Emden estaban entre las elegidas. Ana, Margot y Edith se quedaron en Auschwitz. Fueron rechazadas en la selección porque Ana tenía sarna y su madre y Margot no quisieron dejarla sola en el campo. Bloeme recuerda: "Hablé con la señora Frank, que se encontraba con Margot. Ana estaba en otra parte, tenía sarna... Debía estar aislada. Por tanto, no podía ir con nuestro grupo. La señora Frank, apoyada por Margot, dijo: `Naturalmente nos quedamos con ella'. Recuerdo que asentí, lo comprendía. Fue la última vez que las vi".
La sarna la causaban unos parásitos que penetraban la piel, provocando erupciones y heridas rojas y negras que picaban de manera insoportable. Ana fue llevada al Krätzeblock (el barracón de la sarna) y Margot se unió a ella voluntariamente. Lenie recuerda que Edith estaba "totalmente desolada. Ni siquiera comía el trozo de pan que le daban. Junto a ella, cavé un agujero por debajo de la pared de madera del barracón donde estaban las niñas. La tierra estaba blanda y se podía hacer un agujero si tenías la fuerza suficiente; yo la tenía. La señora Frank se quedó junto a mí y me preguntaba: `¿Funciona?' Le contesté que sí. Seguí cavando, hasta que por el agujero pudimos hablar con las niñas. Margot tomó el trozo de pan que yo empujaba bajo la madera y lo compartieron".
Inevitablemente Margot también cogió la sarna. Ronnie Goldstein-van Cleef, que estaba en los barracones con ellas y con otra chica llamada Frieda Brommet, recordaba cómo la madre de Frieda y Edith Frank buscaban por todo el campo restos de comida para dárselos a sus hijas enfermas.
[...]
Margot y Ana necesitaban cualquier alimento que pudiesen encontrarles, porque su salud estaba empeorando rápidamente. Ronnie recuerda: "Las jóvenes Frank se encerraron mucho en sí mismas. Ya no prestaban atención a las demás. Cuando llegaba la comida, se animaban un poco, compartían la comida y hablaban algo. Durante ese tiempo, un poco intuitivamente (porque creo que las animaba un poco) yo solía cantarles... Las chicas tenían un aspecto terrible. Sus manos y sus cuerpos estaban cubiertos de manchas y heridas provocadas por la sarna. Se aplicaban un ungüento, pero no podían hacer mucho más. Estaban muy mal; lastimosas, eso es lo que me parecían. No había ropa. Nos lo habían quitado todo". Desnudas en sus literas duras y frías, las prisioneras del Krätzeblock veían cadáveres apilados junto a las paredes de la barraca. Cada día que pasaba el montón era mayor.
[...]
El 30 de octubre se llevó a cabo una selección en el campo de mujeres de Auschwitz-Birkenau. A sólo 96 kilómetros de allí avanzaban los rusos. El grito de "¡Bloque cerrado!" surgió en el recuento de la noche. Lientje Brilleslijper recordaba: "Nos sacaron a golpes de los barracones, pero no para ir a trabajar. Nos llevaron a la gran explanada y nos obligaron a desnudarnos. Estuvimos allí un día, una noche y el día siguiente. De pie, de pie, unos cuantos pasos e inmóviles otra vez, con sólo un pedazo de pan para alimentarnos. Luego nos llevaron a latigazos a una gran sala, donde al menos hacía más calor. Allí tuvo lugar la selección". Josef Mengele se erguía impaciente junto al brillo azul de los focos. Lientje recordaba: "Nos hacía subir a una báscula y movía la mano a la derecha o la izquierda para indicar vida o muerte. Con un sencillo movimiento de mano nos mandaba a la cámara de gas". Rosa de Winter estaba con Edith, Margot y Ana en la cola. "Llevó mucho tiempo -recuerda-. Vimos que elegía a muchos que no eran muy viejos ni estaban enfermos y entonces supimos que escaparían, y que los viejos y enfermos serían gaseados". Para salvarse, las mujeres mentían acerca de su edad y salud. Rosa dijo: "Tengo 29 años y nunca he tenido disentería -Mengele alzó el dedo pulgar- y me mandó a unirme a los viejos y los enfermos. Luego le tocó a la señora Frank, que también se unió a nuestro grupo". "¡Siguiente!" gritó Mengele.
Ana y Margot se adelantaron. Seguían encontrándose en un estado lamentable por la sarna, pero eran jóvenes. Aterradas, Rosa y Edith esperaron a saber si se unirían a ellas o si serían colocadas a la izquierda, hacia un destino desconocido. Rosa recuerda haber visto a las dos chicas: "De 15 y 18 años, delgadas, desnudas pero orgullosas, acercándose a la mesa de la selección con los hombres de las SS... Ana animó a Margot y Margot caminó directamente hacia la luz. Permanecieron allí de pie un momento, desnudas y con la cabeza afeitada, y Ana nos miró con su rostro limpio, volvió la mirada hacia adelante y se mantuvo erguida... ".
"¡A la izquierda!", gritó Mengele, y Ana y Margot avanzaron. El grito angustiado de Edith Frank se alzó entre nosotros: "¡Las niñas! ¡Oh, Dios, las niñas!".
SU HISTORIA SIGUE VIVA
¿Quién es Ana Frank? ¿Qué es el "Diario" de Ana Frank? Estas preguntas aún siguen despertando curiosidad 70 años después de que un hospital de Francfort del Main registrase erróneamente "el nacimiento de un niño", cuyo nombre fue Annelies Marie Frank pero que ha pasado a la posteridad con el más corto y simple de Ana Frank, y 52 años después de que se publicase por primera vez una obra que se ha traducido a 55 idiomas y de la que se han impreso más de 20 millones de ejemplares.
En Amsterdam, en la II Guerra Mundial, esta eterna adolescente y su familia malvivieron escondidos en un cuchitril anexo a las oficinas de su padre durante dos años: desde 1942 a 1944, hasta que alguien -¿quién fue?, he aquí otra cuestión interesante- los delató a los nazis y éstos los deportaron e internaron en campos de concentración. Sólo sobrevivieron el cabeza de familia, Otto... y las páginas que mejor han descrito hasta ahora el genocidio, la pubertad y las relaciones familiares en una situación límite. Las redactadas por una aspirante a escritora que murió de tifus a mediados o a finales de marzo de 1945 en un barracón de Bergen-Belsen, un campo de concentración que fue liberado por tropas británicas apenas un mes más tarde. Tarde. Los cuerpos de Ana y de su hermana Margot "yacían en una tumba pestilente, sin identificar". Esta cita procede de "Biografía de Ana Frank. 1929-1945", (Plaza & Janés) libro que le ha costado a Carol Ann Lee 10 años de investigación. Aunque otras dos escritoras han desempeñado una labor semejante casi a la vez en sendas obras aún no vertidas al español: Melissa Müller, con "Anne Frank. The biography" (Blomsbury), y Mirjam Pressler, con "The story of Anne Frank" (Macmillan). Los dos primeros libros, por cierto, tratan de las cinco páginas inéditas del diario que aparecieron hace un año. Inéditos aparte, está claro que las palabras de la propia Ana Frank han resultado proféticas. Escribió: "Quiero seguir viviendo después de mi muerte".
servido por purilyn
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¿Te comportas como un caballero?
1. En compañía de mujeres un coito es:
a) Hacer el amor
b) Fornicar
c) Mojar el churro
2. Le harías el amor a una mujer siempre y cuando hayáis compartido:
a) Vuestros puntos de vista de lo que debe ser una relación sexual
b) Los resultados de los análisis de sangre
c) Cinco chupitos de tequila
3. Tienes tu orgasmo siempre que:
a) Tu compañera lo haya tenido primero
b) Lo tengáis los dos a la vez
c) No te pierdas el partido que dan por la tele
4. Sexo apasionado y espontaneo en el suelo de la cocina es:
a) Sano para la vida sexual de la pareja
b) No es algo que mi pareja este de acuerdo en hacer.
c) No es algo de lo que se deba enterar mi mujer/novia.
5. Estar abrazado tiernamente a la mujer con la que acabas de tener sexo es:
a) Lo mejor de toda la noche
b) Lo segundo mejor de toda la noche
c) 10.000 ptas. extra
6. Tu novia /mujer a engordado 2 kilos mas en el ultimo mes. Que le dices?:
a) "No pasa nada, estas aun mas guapa"
b) "Sin problema - te puedes apuntar a mi gimnasio"
c) "Una estimación a la baja, verdad?"
7. Tu piensas que el hombre sensible actual es:
a) Un mito
b) Un pringao
c) Que significa sensible?
8. El precalentamiento es al sexo como,:
a) Los aperitivos a la comida
b) Abrir los botes a pintar
c) La cola al parque de atracciones
9. Con que frase te identificas mejor a la hora de cortar una relación?
a) "Espero que seamos siendo amigos."
b) "Ahora mismo no estoy. Deja un mensaje después de oír la señal..."
c) "Bienvenida a tontolandia, población tu"
10. Cuando una mujer se siente incomoda viendo como te masturbas delante de ella es porque:
a) Probablemente necesita conocerte mas para llegar a ese nivel de intimidad
b) Esta impresionada pero ya se le pasara
c) Que no se hubiera sentado a mi lado en el autobús con ese escote
Resultados:
Mayoría A:
Te hemos pillado, eres una mujer. Si no es así mírate los pantalones porque tienes un problema, mariconazo.
Mayoría 'B'
Apúntate a terapia. Así empezaron algunos y ahora se han puesto nombre de mujer y se pasean con tetas de silicona.
Mayoría 'C
Llámame y vamos a emborracharnos
servido por purilyn
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Ambos tendidos de costado, en un lugar cómodo y flexible, como la cama. Ella de espaldas a él, los cuerpos amoldados... En un alarde de destreza, la mujer pasa su pierna externa flexionada abriendo la puerta al placer: el hombre la penetra haciendo palanca con la pierna de ella, que se apoya en la cadera de él. Los secretos que el hombre puede propiciarle a su compañera por la cercanía de su oreja son el condimento perfecto para alcanzar el máximo de placer. La penetración llega hasta la mitad del camino, por lo que el goce viene de la mano del deseo de que se haga profunda y estalle en el orgasmo más excitante.

Las piernas se entrelazan en esta postura sensual y placentera, donde la mujer permanece acostada y con las piernas abiertas esperando que su compañero la penetre sentado y tomándola de los hombros para regular el movimiento. El pene entra y sale desviando su movimiento hacia abajo, ya que la altura del vientre de la mujer queda levemente más arriba que la del hombre.
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Ella se arrima al borde de la cama o de una silla. El se arrodilla para dejar su pene a la misma altura que la vagina de ella, que se abre de piernas para recibir el sexo de su compañero y echar su cuerpo para atrás en una sutil relajación. Al mismo tiempo, el cuerpo de él es envuelto por las piernas de ella mientras se ocupa de marcar el ritmo de la penetración.
No apta para cuerpos entumecidos, esta posición puede parecer incómoda, pero si la flexibilidad lo permite puede resultar muy excitante. El se acuesta relajado y erecto. Ella se coloca de espaldas a él, se hace penetrar, flexiona sus rodillas y se inclina hacia atrás, lentamente para que el pene no se salga de la vagina. Para activar el movimiento necesario para el coito, ella debe levantar su vientre y relajarlo sobre el de su compañero. El tiene fácil acceso al clítoris y los pechos de su compañera. Ella no puede estar más cargada de ocupaciones, con lo cual no tiene más que relajar el resto del cuerpo hasta acabar más cansada que nunca, lo que hace más excitante el orgasmo. Según el Kama Sutra muchas de estas posiciones están tomadas del hatha yoga, por lo cual pueden resultar difíciles para los no iniciados

La mujer también puede "domar" a su potro colocándose de espaldas a él y marcando el ritmo apoyando sus pies en el piso. El, a su vez, puede tocar sus pechos, besar su cuello y tirar del cabello de su compañera mientras ella se mueve. El ángulo de visión que ofrece esta variante es uno de los más excitantes para el hombre, ya que permite ver en primer plano cada embestida que realiza su compañera
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El hombre cómodamente sentado recibe a su compañera que se encaja a su cuerpo sentándose también sobre la erección de él. La mujer puede hacerse desear tomando el pene con la mano y posándolo sobre su vagina haciendo movimientos suaves sobre ella, pero sin introducirlo. El hombre puede imponer su voluntad presionando a la mujer hacia su miembro lentamente, mirándola a los ojos. La pasión del abrazo, los juegos de lengua y las espaldas de ambos al alcance de la mano para causar escalofríos en el otro son algunas de sus bondades. La doma puede ser un camino hacia un orgasmo intenso e inolvidable.

También conocida como "perrito", esta posición es apasionada y salvaje. Ambos en cuatro patas, concentra una cantidad de ventajas que pocas posturas tienen: la comodidad del hombre para tocar el clítoris o el ano de su compañera, la variedad de movimientos que permite, la posibilidad de que la mujer tome con una mano los testículos del hombre y la facilidad para intercalar sexo anal y vaginal. Además, la posición permite al pene "atraparse" entre los glúteos, lo cual suele ser muy excitante para el hombre. En pocas palabras, el encuentro sexual que incluye esta postura suele ser salvaje y hacer furor entre sus protagonistas. Dice el Kama-Sutra: "En el ardor de la cópula, una pareja de amantes enceguece de pasión y prosigue con gran impetuosidad, sin prestar la menor atención a los excesos".

Elevar las caderas, en el caso de las mujeres, es una valiosa fuente de placer, ya que pone en contacto con el cuerpo del hombre áreas de su cuerpo que, en posiciones más tradicionales, no se tocan. En este caso, el hombre se arrodilla y recibe la vagina de su compañera dejando que ella apoye los glúteos en sus muslos. La mujer puede extender sus piernas en el torso del varón o flexionarlas apoyando las plantas de los pies en su pecho. El hombre tiene fácil llegada al clítoris, por lo que puede estimular la zona con las manos y mirar la vagina en primer plano. El ritmo lo marcan juntos, acorde al deseo de ambos y a la flexibilidad de la mujer.

Variante del "Cara a cara", el arco es una posición que, a través de una pequeña variante, modifica las sensaciones al extremo. La mujer permanece acostada boca arriba con las piernas abiertas y flexionadas, apoyando sus brazos detrás de los hombros. Cuando su compañero esté listo para penetrarla, eleva sus caderas y se posa sobre las piernas flexionadas del compañero. El placer que ella recibe se centra en la penetración profunda y en la particularidad de sentir toda la zona vaginal y abdominal envuelta de la piel del hombre. El cansancio que se experimenta al mantener la posición se ve recompensado con la potencia del orgasmo que puede provocar.
servido por purilyn
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